
Me he estado preguntando últimamete qué rol juega la tecnología en todo esto. En la crisis ambiental, se entiende. Porque hay quienes creen que la tecnología y sólo la tecnología será la herramienta con la cual la civilización resolverá el problema – entendiendo la solución como el camino hacia una planeta de huella ecológica sustentable-, y hay otros que argumentan que, a fin de cuentas, el excesivo avance tecnológico alienó al hombre de tal forma que su sociedad dejó de ser ambientalmente viable. Sin duda una discusión interesante, que parece tener varias aristas.
La tecnología ha sido el motor de desarrollo de la civilización. Desde la invención de las primeras herramientas, la tecnología le ha ido cambiando la vida al hombre. Primero fue el fuego (descubrimiento o invención, la línea es demasiado fina para analizarla), luego el arado, la escritura, la máquina a vapor. Así, los avances tecnológicos respondieron a necesidades (básicas o no básicas, otro motivo de discusión), facilitando la vida de las sociedades.
A partir de la revolución industrial, el avance tecnológico se dispara. El hombre quiere vivir cada vez más cómodo, y la tecnología hace de trampolín para el rápido crecimiento económico.
Durante el siglo XX, la tecnología permitió un gran aumento de rendimientos y productividad. Tal vez, su ejemplo más representativo se vivió en el agro: durante la segunda mitad del siglo pasado, el rendimiento de la cosecha de trigo por hectárea se cuadruplicó en países como Inglaterra o Francia, gracias a tecnologías más apropiadas: mejores fertilizantes, técnicas de cultivo, pesticidas, etc. Las tecnologías menos contaminantes representan otro ejemplo: un auto de hoy en día contamina mucho menos que un auto de hace treinta años. Sin duda un punto a favor de la tecnología a la hora de juzgar su contribución a la solución del problema ambiental.
Pero lamentablemente, el aumento de la productividad cumple con una ley que, siendo económica, funciona en casi todo sistema natural: el rendimiento marginal decreciente. Al igual que el quinto vaso de agua en el desierto – que quita menos la sed que el primero-, las nuevas tecnologías poco pueden hacer para seguir aumentando los rendimientos por hectárea o disminuir las emisiones de un vehículo. Simplemente porque se está llegando al límite de productividad de cada sistema: genético en el caso del trigo o energético del combustible, en el caso del auto.
La tecnología está en marcha a toda velocidad, creando nuevas máquinas que permitan reducir el impacto ambiental de los actos humanos. Para algunos, eso basta y podrá llevar a la sociedad sustentable, que asumo todos queremos. Pero, ¿ha sido realmente positiva la contribución del avance tecnológico a solucionar el problema ambiental que estamos enfrentando?
Creo que la tecnología ha actuado más como enfermedad que como medicina. No se puede dudar el tremendo beneficio que, en algunas áreas nos ha traído – medicina, comunicaciones, etc. - , pero es también innegable que la tecnología ha sabido, como ninguna otra actividad humana, inventar necesidades falsas, que han alejado al hombre de su condición natural primigenia, perfilándolo como un ser materialista, acaparador y frívolo.
La huella ecológica del hombre moderno es tremendamente superior a la del hombre de las épocas pasadas, de la misma forma que la del hombre rico lo es a la del pobre, debido a un exagerado consumo de bienes que han llegado a ser accesibles debido al avance tecnológico. Es lógico entonces que el hombre moderno, - el del ipod, camioneta con tracción y accesibilidad a viajar en el Airbus A380-, no sea sustentable. Así no se puede ser sustentable, ni aun cuando los laboratorios tecnológicos en Seattle, Sttutgart o Kyoto posean una capacidad creadora inverosímil.
La tecnología tiene un rol muy importante que jugar en el camino de la sustentabilidad: basta pensar lo mucho que queda por hacer, por ejemplo, en el campo de las energías alternativas. Pero debemos entender que la tecnología ha convertido al hombre en un ser inviable para nuestro planeta, por lo que debemos manejar su arrollador avance con extrema precaución, si queremos extender a largo plazo nuestro proyecto de sociedad.



























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Yo discrepo contigo en el rol que ha tenido la tecnología. Si bien muchas veces ha generado tremendos desastres (Hiroshima, Chernobil, por solo citar algunos), siempre se han generado en un afán de perfeccionar la técnica, y producir un resultado beneficioso para el hombre.
La tecnología per se no genera falsas necesidades, solo da respuestas, que luego la publicidad hace creer a los incautos, y no tanto, que se han creado nuevos umbrales de estándar de vida del que no pueden quedarse afuera.
Muchas veces, hay decisiones políticas y económicas que impiden la llegada de una nueva y mejor tecnología, que está a la cola esperando entrar al mercado. Este ejemplo se ve con mucha claridad en los automóviles. Ya desde 1990 existe la tecnología para hacer andar a automóviles con motores completamente eléctricos, que no generar emisiones en su funcionamiento (obviamente lo hacen al cargarse), y tienen prestaciones muy similares a los autos de hoy en día. Un ejemplo de cómo la tecnología genero la respuesta que estábamos buscando. ¿El problema? que tiene motores sin combustión, por lo tanto las grandes empresas petroleras, y las que venden lubricantes, no iban a tener a quien venderles sus productos, por tanto hicieron todo de su parte para evitar la comercialización de esta tecnología, y también los fabricantes de auto, que entendieron que si en un motor no había combustión, el desgaste de las piezas iba a ser menor, lo que significa menos plata en repuesto y servicio técnico, hoy las grandes fuentes de ingreso de estas marcas.
Otro ejemplo: Hay filtros que aplicados a las fuentes de emisión, podrían reducir estas en un 98%. Se imaginan como se vería Santiago si este filtro fuera obligatorio en todas las empresas y fabricas de R.M. Chao Smog, así de simple.
Si bien la tecnología se puede mirar como enfermedad, también esta podría fácilmente transformarse en la medicina que estamos buscando. Y para que sea la medicina, el problema no está en la técnica, hay que buscarlo en la economía y en la política.