
Quisiera compartir con ustedes tres reflexiones que me surgieron a propósito de un seminario al que asistí hoy en la CEPAL. Trataba de la aplicación, en la Región Metropolitana, de medidas de mitigación y adaptación para los efectos que tiene y va a tener el cambio climático sobre esta zona, que alberga al 40% de la población del país.
El debate estuvo centrado sobre todo en la adaptación a los efectos del cambio climático, bajo la premisa que las precauciones que tomemos serán probablemente más baratas que los efectos negativos que esta situación tendrá sobre la economía. Estas precauciones implican muchas cosas, desde empezar a preveer que los caudales de los ríos bajarán, aumentarán eventos climáticos extremos, etc. Además, se destacó la mayor importancia que se le debe dar a las medidas de adaptación por sobre las de mitigación, que buscarían reducir las emisiones.
En primer lugar, me sorprende ver que estemos tan preocupados de adaptarnos al problema, por sobre un cuestionamiento serio a las causas que han originado el problema y nuestro rol determinante como sociedad humana en él. El calentamiento global que la biósfera ha experimentado en los últimos cincuenta años ha sido causado, casi en su totalidad, por una excesiva actividad humana, que presenta buenos resultados económicos, pero discutibles resultados sociales y nefastos resultados ambientales. No veo en la opinión de los tomadores de decisiones y la ciudadanía en general un cuestionamiento serio a los graves errores que ha tenido nuestro desarrollo como sociedad y al modelo de crecimiento económico que resulta, para casi todo el mundo, un escenario ?deseable?, mas tremendamente entrópico y fuera de toda realidad ecológica.
En segundo lugar, me parece que el diseño de medidas de adaptación encierra un fuerte carácter antropocéntrico. Básicamente, adaptarse al cambio climático es mejorar nuestra capacidad de adaptación, para que la selección natural que impondrá la nueva condición ambiental no nos pille de sorpresa: Algo así como un ?sálvese quien pueda, y a la mierda el resto (de las especies)?. Nosotros, los humanos, hemos generado el problema, pero no nos hacemos autocrítica. Sólo estamos empeñados en adaptarnos a los cambios que vendrán para poder sobrevivir, y ojalá siguiendo con nuestro descontrolado desarrollo cuantitativo que fue la génesis del problema.
Por último, y según información entregada en el seminario, se espera un aumento considerable en las emisiones de Gases de Efecto Inventario (GEI) en los próximos años (para muestra un botón: se espera que, al 2030, las emisiones de GEI de Chile aumenten 4.2 veces respecto de los niveles de 2007, ver fuente). La pregunta es entonces: ¿A qué nos adaptamos? Si la generación va explosivamente en aumento, ¿Qué sacamos con adaptarnos a un escenario negativo a, digamos, cincuenta años, si después de eso el problema se agravará aun más, incluso a una tasa más rápida? Es cierto, la adaptación es mucho mejor escenario que no hacer nada al respecto, pero ¿no será más sensato, antes que adaptarnos, cambiar radicalmente nuestra relación con la naturaleza y a través de giros fundamentales de la sociedad, revertir las tendencias crecientes de impacto ambiental, que van invariantemente a un colapso de la sociedad humana como la concebimos hoy?
Tal vez he sido muy negativo, mas no quiero transmitirles ese mensaje. Tengo esperanzas en nuestro futuro, siempre y cuando los cambios que lideremos sean mucho más radicales que los que creemos necesitar.
Mucha paz a ustedes?

