Especies más y menos adaptables

La imagen superior muestra a un ser humano, Homo sapiens, escalando una cascada de hielo en el Santuario de la Naturaleza Yerba Loca. Trae consigo una serie de dispositivos que le permiten mejorar su adaptación al medio en el que se encuentra: Lentes para no quemarse los ojos ante la excesiva luz que refleja la nieve, factor solar para no quemarse piel y labios, pantalones impermeables para no mojarse al sentarse sobre la nieve, polainas para que no le entre nieve durante el ascenso, parka cortaviento para no pasar frio cuando se levante el ventarrón, polera de material que permite el control de la transpiración, crampones para poder remontar el glaciar, zapatos plásticos impermeables y a prueba de frio, casco para evitar accidentes ante caida de material, piolets de hielo para remontar la congelada cascada, etc.

La situación grafica cuán adaptables somos los seres humanos. Por eso hemos sobrevivido a los calores infernales del Sahara o a las temperaturas gélidas del Campo de Hielo Sur. Creemos ganada la ?lucha por la sobrevivencia?.

¿Qué pasa sin embargo con las millones de especies que cohabitan con nosotros la biósfera terrestre? Indudablemente, no tienen a la tecnología como aliado a la hora de sobrevivir a los cambios ambientales. Y lo anterior resulta aun más significativo cuando el medio cambio de forma inusualmente rápida: en escalas de tiempo naturales (en que variables ambientales como la temperatura tarda miles de años en mostrar cambios significativos), las especies pueden evolucionar lentamente o incluso fracasar en ese intento y extinguirse. Sin embargo, cuando los cambios ambientales ocurren en escalas de tiempo radicalmente menores (crisis ambiental actual), la falta de mecanismos artificiales de adaptación (los que porta el escalador de la imagen superior), hace a las especies tremendamente vulnerables. Tomemos por ejemplo, el caso del Abeto balsámico (Abies balsamiera), conífera que habita algunos sectores de la costa este de Estados Unidos y Canadá, y cuyo óptimo de crecimiento se sitúa en zonas con temperatura media anual antre 2 y 4 °C. ¡Un rango de apenas dos grados! ¿Qué hará el Abeto Balsámico entonces frente a los 4 grados de aumento de temperatura al 2100 que pronostica el IPCC en el escenario pesimista de emisiones (ver 4to informe IPCC)?. Simplemente, mostrar su incapacidad para evolucionar en un periodo tan corto y quedar a merced de lo que Humberto Maturana llamó Homosfera?

Aunque seamos adaptables y creamos que vamos a tener problemas en sobrellevar esos eventuales cuatro grados, el hombre en una especie indisociable de la naturaleza, y todo lo que pase en ella nos afecta. ¿De qué podría servir alzarnos victoriosos y triunfantes al cabo de esta crisis ambiental, viviendo en una biósfera brutalmente degradada y con servicios ecosistémicos reducidos a la inutilidad?

Seamos más humildes, por favor?

Escribe un comentario

¿Quieres usar tu foto? - Inicia tu sesión o Regístrate gratis »
Comentarios de este artículo en RSS
Cerrar