
Vivo un tanto alejado del centro urbano de Santiago. Y no sólo alejado, sino que para llegar a él debo subir un cerro bastante pronunciado. Por este motivo, es que la bicicleta no ha podido transformarse en mi transporte de cabecera. Es por esta razón también, que decidí moverme a la casa de mi hermana durante un periodo de tres semanas. Mi reencanto con la ciudad, mi reencuentro con la cleta y el cambio en mi calidad de vida, lo relato a continuación.
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